¿Quién soy?

Sobre mi nombre, y por qué importa.

“Viajar es descubrir que todos están equivocados acerca de otros países.” – Aldous Huxley

Yo en Venecia, durante el invierno de 2018.

¡Hola!

Me llamo Fernanda. Nací en México en 1993, mientras el “boom” de llamar “María Fernanda” a cinco de cada diez niñas estaba en su punto más candente. He perdido la cuenta de cuántas tocayas (todas en el mismo rango de edad) he conocido. Por supuesto, también soy “María”, pero no lo uso. Me suena demasiado dulce en comparación con “Fernanda”. Es una combinación que sugiere una personalidad tibia, no armoniosa. Hasta mi propio padre se ha preguntado por qué no soy “Fernanda” a secas, pues nadie me llama “María Fernanda”, y desde la escuela primaria jamás me han vuelto a decir “Marifer” o “Mafer”, diminutivos preferidos por mis numerosas maestras.

Según las investigaciones fugaces que he hecho sobre mi nombre, se supone es de origen germano y puede significar dos cosas: “valiente y audaz” o “lista para el viaje”. Elegir entre opciones tan prometedoras me parece injusto, así que las combiné a mi conveniencia como “viajera valiente y audaz”. No suena muy original, pero vamos, que uno debe sacar la inspiración de donde puede o se queda sin hacer nada.

Con esa convicción, dejé mi trabajo estable en el gobierno de una importante ciudad mexicana, y me lancé como voluntaria a vivir la aventura que me aguardaba al otro lado del mar. Para rematar, me apellido “Cortés”, como el gran explorador español que llegó a tierras mesoamericanas en el siglo XVI. Aclaro que mi propósito de viaje siempre ha sido mucho más inocente y no ha servido a otros intereses que a los míos.

Dejaré a un lado el romanticismo para explicarme: no tenía la menor pista de qué clase de aventura buscaba, sólo me conformaba con que mi realidad cambiara drásticamente de un momento a otro. La decisión de irme tuvo un tinte profesional, también. Estudié Relaciones Internacionales, seducida por la idea inherente de viajar por los cinco continentes. Sin embargo, al terminar mis estudios no había mucho de internacional en mi vida, además de una relación con un alemán y otra con un francés registradas en mi historial.

Si bien es cierto que aprobé todas mis materias y escribí buenos ensayos sobre guerras, economía, religión y cultura, sucedió sencillamente que esos textos sobre países desconocidos y lenguas que jamás había oído los escribía sentada en un escritorio. Mi naturaleza Millennial abriéndose paso, rompiendo mis cuidadas rutinas, terminó por tomar el timón de mi barco.

Y me marché, confiando en que la universidad me había dado las bases para lidiar con cualquier situación adversa en el camino hacia lo desconocido. En parte, así fue, aunque nada me habría preparado para la inundación de Venecia, el secuestro en el Sahara, y la decepción amorosa en París que vendrían más adelante.

¿Lo mejor de todo? Estaba muy equivocada sobre el mundo que creía conocer. Entonces hice un alto y poco después de iniciar mi viaje vacié mi maleta de ideas preconcebidas. Ahora la cargo dispuesta a llenarla con material auténtico y de primera mano.

Bienvenido a este blog. Te invito a que antes de subirte al avión, vacíes tu también tu maleta.

Fernanda